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Crónica de una cábala anunciada

12 junio, 2010

por Valery Colombo

Al levantarse procura pisar primero con el pie derecho, llega al placard y busca la ropa que tenía puesta en el último partido. La camiseta agujereada por las polillas y el número ocho que parece un cero demuestran la antigüedad de esta reliquia. El rosario bendecido por el mismísimo Papa y finalmente el gorrito que le había regalado el abuelo de aquella final del 78. Una a una este fanático repasas sus cábalas antes de que Argentina-Nigeria comience.

Despierta a su hijo que apenas abre los ojos dice: “Soñé que ganábamos papi, soñé que ganábamos”. Rápidamente, los dos van al comedor se sientan en el sillón, pero el nene se levanta y se apoya en el respaldo, por cábala por supuesto. La mujer llega con una bandeja con mate y bizcochitos, intenta ocupar un lugar al lado de su marido, pero recuerda aquella derrota dolorosa frente a Brasil en Rosario y finalmente decide ver el encuentro en la cocina.

Los equipos salen a la cancha, todo está listo, la espera de cuatro años está llegando a su fin. El árbitro hace sonar el silbato y el toque inicial da comienzo al primer partido de la Selección. Instantáneamente el hincha besa el rosario, abraza a su hijo, mira para arriba buscando la ayuda de su abuelo desde el cielo y lleva su mano a la boca para que sus dientes muerdan sus uñas sin cesar.

La palomita espectacular de Heinze y la pelota que entra en el ángulo provocan el grito desaforado de toda esta familia. La mujer corre al comedor con el control remoto de la televisión en mano, el nene salta del sillón a los hombros de su papá y este último se arrodilla en medio de la casa con lágrimas en los ojos, con el rosario en la boca y con el gorro de su abuelo junto a su corazón.

Todo pasó muy rápido, la mujer atina a sentarse en el sillón junto a su familia, pero una llegada del rival al arco argentino la hace retornar a su lugar, por cábala, el nene vuelve al respaldo y el hincha se sienta en su sector. El gorro vuelve a la cabeza y el rosario a donde corresponde, el cuello. La ansiedad crece y crece a cada minuto, nadie mueve ningún músculo de su cuerpo.

El último minuto está en juego, Argentina tiene la pelota y por fin se termina el partido. Las lágrimas recorren las mejillas del nene que está viendo su primer Mundial, el padre busca a la mujer en la cocina, ella sigue apretando el control en su mano. Los tres se funden en un gran abrazo, el abrazo del triunfo. Esa victoria que dejó al nene en lágrimas, al padre sin uñas y a la madre sin control remoto. Andrés, Viviana y Julián, Joaquín, Malena y Lucas, o tal vez Alejo, Soledad y Ramiro, cualquier familia podría ser la protagonista de esta historia. Las cábalas siempre están cuando de fútbol se trata. Esta vez funcionó y Argentina consiguió la victoria, igualmente, el gorro, el rosario y la camiseta van a estar siempre junto al hincha.

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One Comment leave one →
  1. Moncal permalink
    13 junio, 2010 01:58

    Simplemente, conmovedora.

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