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Crónica de un entrenamiento frustrado

21 junio, 2010

Por Guido Burdman desde Sudáfrica

Nos levantamos el domingo por la mañana y fuimos con mi hermano a la concentración de Argentina para buscar cámaras de televisión y mandar saludos por el Día del Padre.
Luego de una caminata de casi una hora, llegamos al Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria. Para sorpresa nuestra, había muy pocos periodistas argentinos presentes.
A lo lejos se veían muchos autos y combis estacionadas. Fuimos hacia allí para ver que había, y nos encontramos con que en todos los vehículos iban los reporteros gráficos y televisivos de los diferentes medios nacionales. Antes de poder preguntarles qué esperaban allí adentro, escuchamos el ruido de unos portones abriéndose y todos diciendo “vamos muchachos que ya abrieron”. Los autos que estaban detenidos comenzaron a moverse e ingresaron a la concentración argentina. Con mi hermano nos preguntamos qué hacer y decidimos ir a probar suerte con los guardias. En una de esas pasábamos…

Llegamos a la entrada y nos pidieron credenciales. Seguros de que nos iban a echar, presentamos el pase de prensa de Deportea y el carnet social de River. Increiblemente nos dijeron “adelante chicos”. Comenzamos a caminar sin poder creer que estábamos adentro. Igualmente me imaginé que no podía ser tan fácil y que habría un segundo control.
Luego de rodear toda la cancha de entrenamiento tapada por las lonas verdes, llegamos a una larga fila de periodistas. Como era de esperar, era otro control y parecía más difícil que el anterior…
Le pregunté a Fernando Carlos qué hacer y me dijo “ya estás acá, probá, cualquier cosa te dicen que te vayas y listo”. Daniel Arcucci me respondió lo mismo pero me adviertió que el muchacho de seguridad era un morocho de dos metros y que si no tenés la credencial de FIFA te “manda a la mierda”.
Mi hermano prefirió hacerse a un lado pero yo pensé “qué me puede pasar, preso no voy a ir”. La cola empezó a moverse y decidí camuflarme entre dos fotógrafos de Sudán. Llegamos a la puerta de ingreso, los sudaneses pasaron y el gigante moreno me pidió la credencial. Me hice el desentendido aunque lo había comprendido perfectamente. Me la volvió a reclamar y con toda mi inocencia le mostré la de Deportea. Como imaginaba, me empujó y me dijo “no me hagas perder el tiempo”.
Igualmente, ante un catarata de insultos de los guardias en todos los idiomas habidos y por haber, pude conseguir un par de fotos desde arriba de un árbol.

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  1. Juan Manuel permalink
    21 junio, 2010 16:55

    Simplemente, sensacional! Muchos se hubieran achicado por no tener un cartón avalado por la FIFA, pero así se empieza, careteando y chapeando con lo que se puede. Igual me imagino que se te debe haber fruncido frente al negro de dos metros.

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