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“Oh, mi corazón se vuelve delator, traicionándome”

25 junio, 2010

Por Lucas Pérez Díaz

Decir que el periodismo moldea la opinión pública es un hecho consumado hace muchos años, de hecho hasta resulta redundante y obvio. El ser objetivo y tener la verdad universal no existe y menos si los que hacen de este oficio una profesión son seres humanos, con sus propios conocimientos acerca del mundo, su competencia significativa y con su manera  de ver y analizar todo los que los rodea. En este contexto el periodismo deportivo tampoco es la excepción. La diferencia en relación a otros estilos es que en materia deportiva los cuestionamientos y prejuicios se generan en el momento que un periodista reconoce ser hincha de algún equipo. Aquí comienzan las preguntas: ¿Vamos a dejar de creer en un periodista si reconoce ser simpatizante de un club? ¿Nos va a generar un prejuicio a la hora de opinar sobre lo que dice? ¿Vamos a desconfiar de lo que dice por haber reconocido ser hincha de un club? ¿Por qué?

El riesgo al que se expone un periodista que hace público cuáles son los colores que rigen a su corazón es un inconveniente que trae aparejado consecuencias, no sólo profesionales, sino también provoca que la sociedad comience a elaborar prejuicios acerca de los comentarios, las opiniones y las afirmaciones de un comunicador. Ante esto, surgen planteos a modo de preguntas como: “¿y qué querés? si este tipo dijo que era hincha de” o la típica: “obvio que va a decir eso, si es hincha de”. 

Dentro de la comunidad periodística en materia deportiva están los que “simulan” ser de algún club en particular, utilizan ciertos colores como cortina de humo y en realidad su pasión está en otro lado. Esto les permite opinar, apoyar, criticar y exigir, muchas veces, a su verdadero club. Generalmente son equipos que no trascienden mucho en el profesionalismo y por esto las personas pueden animarse a elevar su pensamiento y decirlo frente a una cámara, en un estudio de radio o escribirlo en una columna de un diario. Este tipo de conducta (de no reconocer de qué equipo es hincha y simular con otro) no hace otra cosa que perjudicar al propio comunicador y que pierda, muchas veces, una cualidad infaltable que debe tener un periodista: la credibilidad. La situación es más compleja aún, porque la mayor parte de la audiencia o la comunidad periodística saben de qué club es hincha, entonces sus comentarios o afirmaciones quedan más expuestos.

Una buena manera de estudiar qué grado de objetividad puede tener un periodista que ha hecho de público conocimiento de qué club es hincha, es esperar que su supuesto equipo sufra una derrota aplastante, que este último cómodo y mucho mejor si está al borde de irse al descenso directo. Habría que escuchar detenidamente los comentarios, las y de qué manera utiliza a la información para analizar el contexto de “su” equipo. Habría que pensar que el periodista se va a ajustar a esa porción de la realidad y, dentro de su subjetividad, ser claro, veraz e imparcial y opinar de acuerdo a lo que pasó y no traicionado por los colores de su pasión. Pero a veces esto no sucede y caemos en la misma historia: un periodista traicionado por los colores de su corazón.

Dentro de la fauna periodística argentina también están los programas partidarios de algún club. Acá hay que hacer una salvedad porque la información que manejan es insobornablemente a favor del club en cuestión. En este caso no hay crítica alguna porque la audiencia ya sabe a qué se va a exponer y si ese equipo perdió por goleada y los panelistas tratan de buscar justificaciones inexistentes a un hecho consumando, no hay que sorprenderse, sino aceptar que es así y si no estamos de acuerdo cambiar de canal, en caso de la TV, escuchar otra radio o leer otra nota. Así de simple.

Uno de los aspectos que más complica este contexto de sinceridad periodística es la propia sociedad y más la argentina debido a los continuos embates que sufre, por más que provengan del ámbito político, económico o social,  generan un estado de intolerancia que, muchas veces, se ve reflejado en los comentarios irascibles y  punzantes que escuchamos en todos lados. En este contexto viene bien entonces otra pregunta: ¿qué análisis debió hacer, por ejemplo, un periodista hincha de Boca en la era Bianchi? ¿Acaso no tenía más que tirar flores? ¿Qué hubiesen dicho esos jueces periodísticos? El equipo de Boca que dirigió Carlos Bianchi ganó todo lo que jugó, de punta a punta. No hay chances de que alguien pueda hablar mal y cuestionar lo que significó para el club Xeneize. Y los que cuestionan son más hinchas que cualquier periodista que simpatiza con algún club, porque sus fundamentos seguramente son influenciados por los colores de su pasión. La mayoría de los que opinaron de manera peyorativa no supieron analizar lo que pasaba y demostraron que pesa más llevar en el corazón los colores de otro equipo y así faltar a responsabilidad que tiene un periodista: ser objetivo, dentro de su propia subjetividad.

En fin, es cierto que por el contexto en el que vive el país, ser periodista deportivo no es tan trágico y comprometedor como hablar o escribir en la sección de política y economía. Sin embargo, este oficio tiene que lidiar con una sociedad donde el fútbol es el deporte que más se vive y que puede paralizar a un país entero si se lo propone. Entonces el desafío está en asumir que el periodismo es un servicio público, hay que dimensionar qué decimos y cómo tratamos la información. No importa qué colores llevamos como bandera, sino que seamos consecuentes con la porción de la realidad que nos toca vivir y podamos informar de la manera más veraz y adecuada para que el lector, por más que seamos fanáticos de un club, nos crea y confíe en nosotros.

Ser periodista deportivo en la actualidad es difícil, porque la sociedad está llena de prejuicios y condena con mucha facilidad. La sociedad argentina es muy cambiante y un día está de un lado y al otro no. En este “limbo social” hay que pensar qué rol tiene el periodismo y si en verdad puede inspirar a la sociedad a poner en sus manos un derecho al que nunca debemos renunciar: el derecho a informar y ser informados.

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