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Cuando la brutalidad embarró la cancha

25 junio, 2010

Por Martín Szewczyk

Diego Castaño ya había pintado una sonrisa de hazaña en la cara de cada uno de los fanáticos de Tigre. Las primeras lágrimas dulces de la tarde se habían derramado. El 25 de junio de 2007 nacía una jornada histórica con el 1 a 0 parcial ante Chicago. Esas personas en la tribuna visitante vivían un sueño de ascenso. ¡Pellizcame, por favor pellizcame!, se pedían unos a otros. De un momento para otro, las sonrisas se desdibujaron y el sueño se convirtió en pesadilla.

Al comienzo de la segunda parte del partido, la pelota quedó en segundo plano. En la popular, el boca a boca entre los hinchas del “Matador” anunciaba que se opacaría el festejo. “Parece que nos queman un micro”, decía uno. “Uhh, se pudre. La barra va a salir para agarrarse a piñas afuera”, repetían otros. Del lado de enfrente, unos cien tipos se movían para un lado y para el otro. Se pegaban al alambrado, se acercaban a las salidas, se esfumaban. Al rato volvían a aparecer. El ambiente estaba enrarecido, espeso.

Martín Morel tenía un penal para definir la cuestión. Agarró la pelota, la puso en el suelo pero centenares de “hinchas” del “Torito” no aguantaron más. Saltaron a la cancha como fieras hambrientas, dispuestas a todo, inclusive a matar. Fueron a la caza de la parcialidad rival y se desató el temporal. Llovían piedras, fierros, piñas, palos. Los chicos lloraban miedo en los brazos de sus padres y los ancianos, desbordados de temor, no sabían cómo actuar. Algunos guapos desafiaban a la horda de salvajes que intentaban romper el alambrado para desatar una masacre en la popular. Los impulsos dominaban la escena.

Quienes podían intentaban huir por la zona baja de la tribuna sin siquiera amagar a mirar atrás. Afuera, el marco no le envidiaba nada a lo que ocurría dentro del estadio. Los camiones hidrantes avanzaban y escupían sobre la gente que corría y corría. Las balas de la policía no discriminaban. El humo de los gases, mucho menos. Sólo restaba un último esfuerzo. No importaba el dolor del cuerpo ni del alma para escapar de tanta locura. Más tarde se sabría que hubo un muerto. Marcelo Cejas, apasionado hincha de Tigre, padre, esposo, víctima que aún hoy sufre la falta de respuestas y exige: No olvidar.

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One Comment leave one →
  1. 25 junio, 2010 09:17

    Siempre recordar a Marcelo Cejas

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