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Goles en extinción

22 agosto, 2010

                                                                                                                                       por Alejandro  Fainstein  

A lo largo de la historia el fútbol argentino vivió una gran cantidad de cambios  desde el punto de vista estratégico económico, cultural, etc. Algunos han sido negativos, y muchos otros positivos, pero hay un conflicto que de ha poco viene creciendo y hay algo que pareciera estar en peligro de extinción: el gol. Lo más importante, lo más hermoso, la principal razón de ser del fútbol viene escaseando cada vez más.

            En 1931 se disputó el primer torneo profesional, en el cual se jugaron 306 partidos y se convirtieron 1099 goles, lo que dio un promedio de 3.59 anotaciones por cotejo. Las décadas del 30 y del 40 fueron las dos en las cuales más goles se convirtieron en la historia del fútbol argentino, por ese entonces los equipos solían jugar con cinco delanteros y la principal preocupación de los conjuntos era convertir en el arco rival, ya que apenas contaban con 2 o 3 defensores, es por eso que el promedio de gol más bajo registrado entre 1931 y 1949 fue  en el  torneo de 1933 con 3.51 goles por partido, mientras que en 1938 fue de 4,9 record histórico en el fútbol argentino.

            Durante esas primeras décadas la gran cantidad de anotaciones no solo se debía a la poca estructura defensiva con que contaban los equipos, sino también al gran nivel de los delanteros de la época, entre los más destacados de esos tiempos estaban: Francisco Varallo, Arsenio Erico (máximo “artillero” del fútbol argentino y goleador de los torneos de 1937, 1938 y 1939 con 47, 43 y 40 goles respectivamente), Ángel Labruna marcó 292 veces en su carrera, una menos que Erico y Bernabé Ferreyra. En el caso del último se trataba de un delantero tan efectivo que en 1932 el diario crítica decidió darle una medalla al arquero al cual “El mortero de Rufino” (apodo de Ferreyra) no le convirtiera goles. Tardó 13 fechas en dar por primera vez el premio.

            La del 50 fue considerada como la “década de oro” del fútbol local, y si bien fue una de las más vistosas en cuanto a calidad de jugadas fue en la primera en la cual los goles comenzaron a disminuir. El promedio de gol de la década fue de 3.4 por partido ( el de las anteriores había sido de 3.9). Sin embargo lo que dejó una gran marca en el fútbol argentino fue el Mundial de Suecia 1958. En este el seleccionado nacional quedó eliminado en primera ronda y en su último partido perdió 6-1 con Checoslovaquia. La abrumadora derrota modificó totalmente la manera de ver el fútbol en el país. La delantera dejó de ser la prioridad y los equipos pasaron de contar con 5 atacantes a hacerlo con 3 como máximo, el dominio del mediocampo y la solidez defensiva pasaron a hacer las principales preocupaciones de los clubes.

            Estos cambios se sentirían y mucho en los años siguientes. En 1963 por primera vez en la historia el promedio de gol de un torneo fue inferior al de tres goles por partido (2,78) y los años que siguieron no fueron más alentadores 2.42, 2.,28 y 2,33. En 1967 recién volvió a subir de manera importante las anotaciones por torneo y no fue producto ni de un cambio de táctica ni del nacimiento de grandes figuras, sino de la aparición de los campeonatos metropolitanos y nacionales. Sobre todo la de los segundos. Esto se debió a que en los nacionales empezaron a competir equipos de menor jerarquía los cuales eran goleados frecuentemente por los de mayor trascendencia, algunos ejemplos destacables son las  participaciones del Kimberley, conjunto que en el Nacional de 1973 recibió 36 goles en contra en 15 partidos o Bartolomé Mitre quien en 1975 sufrió 52 goles  en apenas 16 encuentros. Desde que aparecieron los torneos Metropolitanos y Nacionales solo hubo 1 año (1981) en el cual el promedio de gol del primero fue superior al del segundo. Sin embargo estos torneos desparecieron y lo hicieron llevándose consigo gritos de las tribunas.  A mediados de 1985 volvieron a aparecer los torneos largos y el primero tuvo un promedio de gol de apenas 2.3.

            Pero lo peor estaba por venir, la década del 90 decidió volver a imponer los torneos cortos y esos 10 años fueron los más pobres en materia de goles de la historia del fútbol argentino, en cuanto a las razones además de un nuevo cambio en el sistema táctico en el cual se fueron agregando cada vez más defensores, existen diferentes teorías. En una charla dada a los alumnos de Deportea en marzo del 2009 Ángel Cappa aseguraba: “Ya desde la década del 90 que en el fútbol se impuso la idea de ganar a cualquier costo, sin importar como se jugara, tirar la pelota afuera o hacer tiempo se empezó a ver como algo bueno como una picardía, impuesto en muchos casos por una sociedad capitalista que te dice que si no ganas sos un fracasado”,  pero Maximiliano Moralez, actual jugador de Vélez, tiene otra opinión: “Creo que en los últimos años se ha trabajado más desde el punto de vista táctico y  ahí hay que buscar la diferencia, antes no se estudiaba tanto al rival como ahora es por eso que se hacían muchos goles”. El Apertura de 1991 registró un promedio de 1,93 goles por partido, el más bajo de la historia y la década finalizó con apenas 2,1 de promedio.

            Si bien el Clausura 2000 hizo ilusionar a muchos ya que se convirtieron goles a razón de 2, 8 por partido (cifra que no se alcanzaba desde el Nacional de 1984), la ilusión de que la primera década del siglo XXI fuese importante en cuanto a conquistas fue muy leve ya que en los años siguientes estos fueron decayendo hasta el Apertura 2009 donde el promedio fue de apenas 2,4.

             En 80 años de profesionalismo la manera de jugar al fútbol cambió y se podrá discutir si ahora es más o menos vistoso que antes, pero los datos no mienten. En la década del 30 el promedio de gol fue de 3,9 por partido mientras en la primera del siglo XXI fue de 2,4. Un pequeño dato, si bien todavía falta mucho si esta tendencia continúa en el torneo del 2150 ya sea corto o largo, Apertura, Clausura, Metropolitano o Nacional todos los partidos terminarían empatados 0a0.

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