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La suerte la hace uno

21 octubre, 2010

Por Joaquín Paulina y Bruno Perassolo

Se fue de Racing y el equipo de Avellaneda cortó una racha de 35 años sin lograr un campeonato. Llegó a Quilmes en 2000 y perdió cuatro finales del ascenso, pero cuando dejó el club, el Cervecero llegó a Primera. Se instaló en Los Andes y el Milrayitas luchó por la permanencia en el Nacional B, cuestión que no pudo conseguir. Misma suerte corrió en El Porvenir y Almirante Brown unos años después, lo que determinó el fin de su carrera. ¿Llegó tarde a la suerte o la suerte lo esquivó?

Los pensamientos y comportamientos de una persona son consecuencia, en gran parte, de su buena o mala racha. La gente afortunada se enfrenta a las oportunidades en forma sistemática, mientras que la desafortunada no.

     Cristian Naranjo soñaba de chico con ser el guardián del arco de la Selección, pero las vueltas de la vida lo llevaron a otro destino. Hoy no es aquel arquero coreado en todos los estadios, sino que su presente como instructor de fútbol infantil hace que se conforme con ver crecer ese mismo sueño en un par de pibes que corren detrás de una pelota.

     “Hoy disfruto de mi trabajo, por suerte sigo ligado al fútbol, que es lo que más me gusta, aunque preferiría estar del otro lado, adentro de la cancha y no gritando desde afuera. Eso es inigualable”, comentó Naranjo con un tono de voz que se apagaba poco a poco al revivir su fallido pasado.

     Las personas con mala suerte suelen estar más tensas, y esta ansiedad obstruye su capacidad para identificar lo inesperado. En cambio, las afortunadas son más relajadas y abiertas, por lo que están más atentas a otro tipo de salidas si no consiguen lo que están buscando.

     No fue una decisión sencilla la de abandonar su sueño después de tanto sacrificio. Fueron años donde tuvo que dejar el Instituto Sarmiento, donde tenía a sus amigos desde jardín, para comenzar a asistir a un colegio nocturno y, así, poder ir a entrenar a las inferiores de Racing. Al recordar esas épocas, Naranjo se mostró nostálgico, pareció haberse quedado una parte de él en el pasado. “Todavía me acuerdo de Chelo y Edu, con ellos dos éramos inseparables”, dijo el ex arquero mientras contaba unas anécdotas escolares de las que sólo se reía él.

     La predisposición al cambio y el positivismo hacen que a los afortunados se les abran otras puertas. La suerte, en fin, corre por cuenta propia. Abrir los ojos y buscar el sendero correcto, ese es el camino.

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